Santos Miguel, Gabriel y Rafael: el cielo está abierto.

Santos Miguel, Gabriel y Rafael: el cielo está abierto.

Hay fiestas litúrgicas que nos recuerdan una realidad que fácilmente olvidamos: el mundo que vemos no es toda la realidad. Existe el cielo. Existen los ángeles. Existe una creación espiritual que vive ante Dios, lo alaba, lo sirve y, por voluntad suya, interviene también en la historia de la salvación.

Hoy la Iglesia celebra juntos a tres de esos grandes servidores de Dios: Miguel, Gabriel y Rafael.

El Evangelio nos da la clave para comprender esta fiesta. Jesús dice a Natanael:

«Veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».

El centro, por tanto, no son los ángeles. El centro es Cristo.

Los ángeles suben y bajan sobre Él. Le sirven. Cumplen su voluntad. Señalan hacia Él. Por eso una auténtica devoción a los santos ángeles nunca nos distrae de Jesucristo. Al contrario: nos conduce más profundamente hacia Él.

Miguel: «¿Quién como Dios?»

El Apocalipsis nos presenta a Miguel combatiendo contra el dragón. Puede parecernos una escena lejana, casi propia de otro mundo. Y, sin embargo, aquella batalla toca nuestra vida.

Porque la gran tentación sigue siendo siempre la misma: querer ocupar el lugar de Dios.

«¿Quién como Dios?» es una pregunta que desmonta nuestra soberbia.

¿Quién como Dios cuando queremos organizar la vida prescindiendo de Él?

¿Quién como Dios cuando creemos que sabemos mejor que Él qué nos conviene?

¿Quién como Dios cuando el pecado intenta presentarse como libertad y la obediencia a Dios como una carga?

San Miguel nos recuerda que el mal existe y que la vida cristiana tiene una dimensión de combate. No todo nos da igual. No todo conduce al mismo lugar. Hay que aprender a rechazar aquello que nos separa de Dios.

Pero fijémonos bien en la lectura del Apocalipsis: la victoria no pertenece simplemente a la fuerza de los ángeles. Los santos vencen «en virtud de la sangre del Cordero».

Ahí está nuestra esperanza.

Nuestra victoria tampoco dependerá únicamente de nuestras fuerzas. Nuestra victoria es Cristo. Su Cruz. Su sangre derramada. Su gracia actuando en nosotros.

Gabriel: Dios habla

Gabriel aparece en los momentos decisivos de la historia de la salvación. Es el mensajero. Y sobre todo permanece unido para siempre al anuncio hecho a María: Dios quiere entrar en nuestra historia.

Gabriel nos recuerda algo muy necesario: Dios no es un Dios silencioso y lejano.

Dios habla.

Habla en su Palabra. Habla por medio de la Iglesia. Habla en los sacramentos. Habla también en ese silencio interior en el que, cuando dejamos de escucharnos constantemente a nosotros mismos, comenzamos a poder escucharle a Él.

Vivimos rodeados de palabras. Mensajes, opiniones, titulares, vídeos, conversaciones... Nunca hemos recibido tantas palabras y quizá nunca ha resultado tan difícil escuchar.

Por eso Gabriel parece preguntarnos hoy: entre tantas voces, ¿queda espacio en tu vida para la voz de Dios?

María supo escucharla. Y de aquel «hágase» comenzó algo nuevo para toda la humanidad.

Muchas veces Dios tampoco necesita de nosotros cosas extraordinarias. Espera simplemente otro «hágase». Que le dejemos entrar. Que aceptemos su voluntad. Que nos fiemos.

Rafael: Dios cura

El libro de Tobías nos presenta a Rafael acompañando un camino. No aparece sólo al final para resolver un problema. Camina junto a Tobías aunque durante buena parte del viaje éste ni siquiera sabe quién es realmente su compañero.

Esta imagen es preciosa para comprender la providencia de Dios.

Hay momentos de nuestra vida en los que sólo vemos el camino. Sus dificultades. Sus incertidumbres. Incluso sus heridas.

Y quizá no vemos todo lo que Dios está haciendo mientras caminamos.

Rafael nos recuerda que Dios acompaña y Dios cura.

No siempre cura como nosotros habíamos imaginado. No siempre elimina inmediatamente el sufrimiento. Pero jamás abandona al hombre en su camino.

Quizá sólo en el cielo descubriremos cuántas veces Dios nos sostuvo sin que fuéramos conscientes. Cuántas personas puso a nuestro lado. Cuántos peligros evitó. Cuántas heridas fue sanando lentamente. Cuántas puertas cerradas terminaron siendo una bendición.

Miguel, Gabriel y Rafael.

Tres nombres y tres llamadas para nuestra vida cristiana:

¿Quién como Dios? Pon a Dios en el centro.

Dios habla. Aprende a escucharle.

Dios cura. Déjate acompañar por Él.

Y todavía hay algo más hermoso en el Evangelio de hoy. Jesús no dice simplemente que existen los ángeles. Dice: «veréis el cielo abierto».

Esta es, en el fondo, la gran noticia de la fiesta.

El cielo está abierto.

Cristo lo ha abierto para nosotros.

El cristianismo no consiste en caminar eternamente por esta tierra procurando simplemente ser un poco mejores. Caminamos hacia una patria. Nuestra vida tiene un destino. Hemos sido creados para entrar un día en aquella multitud que Daniel contempla: «miles y miles lo servían, millones estaban a sus órdenes».

Cada vez que celebramos la Eucaristía ocurre algo extraordinario. La Iglesia de la tierra se une a la Iglesia del cielo. Por eso, inmediatamente antes del Santo, la liturgia nos recuerda que cantamos unidos a los ángeles y a los santos.

Nunca celebramos solos.

Sobre el altar se tocan, misteriosamente, cielo y tierra.

Pidamos hoy a los santos arcángeles que nos acompañen en nuestro camino. Que san Miguel nos defienda en el combate. Que san Gabriel nos enseñe a escuchar y acoger la Palabra de Dios. Que san Rafael nos acompañe y nos conduzca por los caminos de la vida.

Pero pidámosles, sobre todo, aquello que constituye su mayor alegría: que nos conduzcan a Cristo.

Porque llegará el día en que ya no necesitaremos caminar en la fe. Entonces veremos cumplida plenamente la promesa del Evangelio: veremos el cielo abierto.

Y junto con los ángeles y los santos podremos cantar eternamente la gloria de Dios.

Santos Miguel, Gabriel y Rafael, rogad por nosotros.

@sacerdosmariae


Imagen: 

Los tres Arcángeles con Tobías, Francesco Botticini, c. 1470. Galería de los Uffizi, Florencia. San Miguel, san Rafael y san Gabriel nos recuerdan que Dios defiende, acompaña, habla y sana. La reproducción indicada en Wikimedia Commons está publicada bajo licencia CC BY-SA 4.0.

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