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Las virtudes cristianas (XXXIII): Los que lloran, cuando Dios entra en nuestras lágrimas.

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Las virtudes cristianas (XXXIII): Los que lloran, cuando Dios entra en nuestras lágrimas. Hay palabras de Jesús que parecen imposibles de entender a primera vista. Esta es una de ellas: «Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados» (Mt 5,5). ¿Cómo puede llamar Jesús bienaventurado al que llora? ¿Dónde está la felicidad de una madre que pierde a un hijo? ¿Dónde está la bienaventuranza de quien recibe un diagnóstico que cambia su vida? ¿Dónde está la dicha de quien ve morir a la persona con la que ha compartido tantos años? ¿Dónde está la felicidad del abandono, de la enfermedad, de la soledad o de una oración que parece no recibir respuesta? Jesús no puede estar diciendo que llorar sea agradable. No lo es. Tampoco está diciendo que debamos buscar el sufrimiento. Ni que el dolor sea bueno por sí mismo. La clave está en la segunda parte: «Porque ellos serán consolados». La bienaventuranza no está en las lágrimas. Está en que Dios no abandona...