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Las virtudes cristianas (XXVII): La mansedumbre, la fuerza de quien no necesita herir.

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Las virtudes cristianas (XXVII): La mansedumbre, la fuerza de quien no necesita herir. Vivimos en un mundo que confunde con facilidad la fuerza con la agresividad. Parece fuerte quien grita más. Quien responde inmediatamente. Quien no deja pasar una. Quien tiene siempre preparada una réplica. Quien consigue imponerse. Y, sin embargo, Jesucristo pronunció una de las bienaventuranzas más sorprendentes: «Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra» (Mt 5,5). Los mansos. Precisamente ellos. No los violentos. No los que consiguen imponerse. No los que dominan a los demás. Los mansos heredarán la tierra. Entre los frutos que el Espíritu Santo va formando en el corazón del cristiano, el Catecismo enumera también la mansedumbre . Una palabra que puede parecernos antigua y que, sin embargo, necesitamos urgentemente. Porque la mansedumbre no es debilidad. Es fuerza gobernada por el amor . 1. «Aprended de mí». Hay pocas virtudes que Jesús se atri...