"Orate, fratres"


Antes de la anáfora, el sacerdote pide ayuda a los fieles volviéndose hacia ellos (la primera vez que lo hace en el rito latino "normal" desde que se inicia la liturgia eucarística) y pidiéndoles que unan sus oraciones a la suya para que Dios Padre (a quien va dirigida la anáfora) acepte el Sacrificio que están celebrando: "Orate, fratres, ut meum ac vestrum sacrificium acceptabile fiat apud Deum Patrem omnipotentem", "orad, hermanos, para que este Sacrificio mío y vuestro sea agradable a Dios, Padre Todopoderoso".
En ese momento los fieles recitan una maravillosa oración, en la que afirman al sacerdote su propia participación en ese Sacrificio: 
"El Señor reciba de tus manos este Sacrificio, para alabanza y gloria de Su Nombre, para nuestro bien y el de toda Su Santa Iglesia". Luego el Sacrificio va orientado en tres direcciones, como bien dice esta oración.
En otro momento del Canon, el sacerdote dice en el recuerdo de los vivos:
"Acuérdate, Señor, de tus hijos N. y N.
y de todos los aquí reunidos,
cuya fe y entrega bien conoces;
por ellos y todos los suyos,
por el perdón de sus pecados
y la salvación que esperan,
te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen,
este sacrificio de alabanza, a ti,
eterno Dios, vivo y verdadero."
Es el pueblo de Dios quien, por manos del sacerdote, ofrece el Sacrificio al Dios vivo y verdadero. Esa es nuestra participación en el Santo Sacrificio, y nuestra actitud, pues, no puede ser nunca pasiva: debemos conocer perfectamente qué estamos celebrando, qué estamos diciendo, a Quién le estamos hablando. ¡Es lo más grande que podemos hacer!
Y esto se viene haciendo desde San Pío V. Para que luego digan.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Las virtudes cristianas (I): ¿Qué significa ser virtuoso?

Las virtudes cristianas (II): Nadie se hace santo por casualidad

La tentación de la Iglesia de los puros.