Dios siempre tiene la razón, porque Él es la Verdad
Queridos amigos.
Hace tiempo que quiero retomar mi hábito de escribir de vez
en cuando una especie de carta a quien la quiera leer. A modo de reflexión,
como un simple observador de todo lo que me rodea, desde la perspectiva
privilegiada, por pura gracia del Señor, que me da el ser sacerdote. Poder
acercarme a las personas, saber escucharlas, ayudarlas, perdonarlas en nombre
de Dios, acercarles mutuamente (las personas a Dios y Dios a las personas),
compartir sus fatigas, sufrimientos, alegrías y esperanzas. Todo eso me hace
ser y sentirme un verdadero privilegiado.
A ello le unes el ser sensible a todo lo que me rodea, tener
ganas de entenderlo todo, dándole una explicación lógica y razonable a cada
cosa, imprimiéndole el sentido que Cristo ha querido, siendo lo más objetivo
posible. Así es como me gusta ver las cosas. Así será como os las voy a compartir
por aquí.
Este blog no tiene ninguna pretensión más que esta: saber
observar la realidad que nos rodea, imprimiéndole el sentido cristiano que de
por sí tiene, sabérselo encontrar y poder explicároslo. Nada más.
Yo no soy poseedor de la Verdad, pero sí su más acérrimo
buscador. Nunca hay que caer en el relativismo porque éste no existe. No hay
nada relativo. Relativiza el que hace algo malo para que tú lo veas como algo
bueno porque a él le interesa que lo veas así. Pero no por eso deja de ser malo
(por poner un ejemplo). Lo blanco es blanco y lo negro es negro. Mt. 5, 37: “Mas
sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal
procede.”.
Y es el Maligno el que siempre confunde y se sale con la
suya en aquellos que, voluntaria o involuntariamente, han dejado de creer en Él
para creer en el primero que les halaga el oído. Por eso vivimos en una
sociedad cada vez más secularizada para Dios, porque ha buscado otros dioses. Y
para esos sí asisten a sus ritos cuando toca (y no se quejan). Semanalmente,
cierto día salen con estos o estos otros para hacer esto o esto otro. Alcohol,
drogas, sexo, dinero, apuestas, etc. Y de ahí no salen. Y cada semana, vuelve
otra vez.
Por eso es que cada vez hay menos creyentes y más crédulos.
Creen menos en Dios porque creen más en cosas vanas y fútiles. Se fían de un
santero, del horóscopo, de una apreciación personal (e interesada) de un amigo,
de que esta vez sí que va a tocar la lotería… Y no se fían (porque ni siquiera
lo miran o se paran a pensarlo) de Dios y de Su intervención en la vida de cada
uno.
Es más fácil, da más felicidad y entiendes mejor las cosas
si eres creyente que si no lo eres. Aunque sólo fuera por interés personal,
todos deberían ser creyentes. ¿Por qué no lo son? Porque la Fe es un don de
Dios. Dios se lo da, no a los que la merecen, sino a quienes Él quiere. Por eso
estamos en sus manos y somos suyos. “Hasta los pelos de vuestra cabeza están
contados” (Mt. 10, 30).
Por eso debemos ser felices, felices de verdad, y manifestar
y mostrar a todo el mundo esta gran felicidad.
No os canséis nunca de ser felices. ¡Ánimo!

Comentarios
Publicar un comentario